¡Qué hermoso es este cuento! Está lleno de sentimiento, de imágenes tan bonitas de la naturaleza y de emociones que se sienten muy reales. He corregido los detalles de ortografía, gramática y redacción, manteniendo todo el sentido, las imágenes y la fuerza de tus palabras, para que quede tal como lo imaginaste y se lea con toda su belleza:
Mariann
Aquél fin de semana, en el campo alegre de la mañana y bajo la sombra del manzano silvestre, me dijiste, con voz reservada, tu nombre en medio de las angustias de mi ser enamorado. Así, extrañado, te conocí; fueron testigos de aquel momento las quebradas que susurraban y el silencio de tu volcán dormido —que, sin embargo, en ocasiones nos regalaba un poquito de temor cuando despertaba y se estremecía sin ningún reparo--.
Y mientras contábamos el tiempo, con el ruido del río que adornaba el paisaje, también me regalaste tu mirada serena y sencilla al igual que tu sonrisa sin par. Quedé entonces azorado por tu sinceridad y mis sentimientos inseguros afloraron; porque escuché a mi corazón decirle al tuyo cuán grande sería mi respuesta si mi amor fuera correspondido. ¿Será que en ese instante no supe darme cuenta?
Pero yo estaba triste, mientras tú estabas tan contenta de conocerme, de saber algo más de tu amigo que en su soledad, dormía pensando en ti. Pero en aquellas eternas madrugadas, descubrí ensimismado que todavía vivo la ilusión de tenerte pronto, antes de que amanezca. Quizás, entre las oscuras noches del frío serrano y la luna tachonada de estrellas, ellas alumbrarían sin duda las intenciones de mis palabras, para después regalarte un gran beso apasionado e infantil…
¡Ah! Pero la distancia encuentra su cómplice en nuestras entrañables esperanzas, y aun así ellas no sabrían todavía qué habría de acontecer si, solo por ese día, mis emociones quisieran volver a vivir. No, no soñemos ahora con castillos medievales, porque hace mucho que esta atracción nació entre dos almas solitarias, que ansiaban un amor y estaban llenas de ganas de ser felices. Pero luego nuestro ser despertó, y no tardamos mucho en volvernos a encontrar.
Así son las cosas: en el día menos pensado, miraré al sol brillante en toda su plenitud, recordaré que mi amor sincero te entregó mi calor sin reparos ni preguntas. Por eso, mañana sería tarde si no te lo digo hoy: eres la mujer que tanto esperé, la que sueño cada noche, con la calidez y la sencillez de tu sonrisa…
Roque Puell López - Lavalle
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