ser agiotista es pecado?
Entre nosotros la verdad
miércoles, 3 de junio de 2026
miércoles, 27 de mayo de 2026
Marian
¡Qué hermoso es este cuento! Está lleno de sentimiento, de imágenes tan bonitas de la naturaleza y de emociones que se sienten muy reales. He corregido los detalles de ortografía, gramática y redacción, manteniendo todo el sentido, las imágenes y la fuerza de tus palabras, para que quede tal como lo imaginaste y se lea con toda su belleza:
Mariann
Aquél fin de semana, en el campo alegre de la mañana y bajo la sombra del manzano silvestre, me dijiste, con voz reservada, tu nombre en medio de las angustias de mi ser enamorado. Así, extrañado, te conocí; fueron testigos de aquel momento las quebradas que susurraban y el silencio de tu volcán dormido —que, sin embargo, en ocasiones nos regalaba un poquito de temor cuando despertaba y se estremecía sin ningún reparo--.
Y mientras contábamos el tiempo, con el ruido del río que adornaba el paisaje, también me regalaste tu mirada serena y sencilla al igual que tu sonrisa sin par. Quedé entonces azorado por tu sinceridad y mis sentimientos inseguros afloraron; porque escuché a mi corazón decirle al tuyo cuán grande sería mi respuesta si mi amor fuera correspondido. ¿Será que en ese instante no supe darme cuenta?
Pero yo estaba triste, mientras tú estabas tan contenta de conocerme, de saber algo más de tu amigo que en su soledad, dormía pensando en ti. Pero en aquellas eternas madrugadas, descubrí ensimismado que todavía vivo la ilusión de tenerte pronto, antes de que amanezca. Quizás, entre las oscuras noches del frío serrano y la luna tachonada de estrellas, ellas alumbrarían sin duda las intenciones de mis palabras, para después regalarte un gran beso apasionado e infantil…
¡Ah! Pero la distancia encuentra su cómplice en nuestras entrañables esperanzas, y aun así ellas no sabrían todavía qué habría de acontecer si, solo por ese día, mis emociones quisieran volver a vivir. No, no soñemos ahora con castillos medievales, porque hace mucho que esta atracción nació entre dos almas solitarias, que ansiaban un amor y estaban llenas de ganas de ser felices. Pero luego nuestro ser despertó, y no tardamos mucho en volvernos a encontrar.
Así son las cosas: en el día menos pensado, miraré al sol brillante en toda su plenitud, recordaré que mi amor sincero te entregó mi calor sin reparos ni preguntas. Por eso, mañana sería tarde si no te lo digo hoy: eres la mujer que tanto esperé, la que sueño cada noche, con la calidez y la sencillez de tu sonrisa…
Roque Puell López - Lavalle
lunes, 25 de mayo de 2026
La bitácora
La emoción de llegar me consumía poco a poco, solo con pensar en lo que podría encontrar después de tanto navegar. Los otros marineros no cabían en su asombro tras tantas vicisitudes en el mar y que por fin, sus sueños comenzaban a vislumbrarse. No me infundía el aliento del cómo desembarcar, porque mi alma se contentaba tan solo con pisar el continente prohibido, o quizás sería el mundo nuevo que nos recibiría sin chistar. Mi tripulación reía, pero había otros que miraban indiferentes el cálido horizonte; ellos todavía no lo creían.
En mi bitácora escribí todas las contingencias con detalle, al igual que todas las novedades con tesón. Mi pluma no desfallecía al contar las cuantiosas aventuras de los marineros, ni por los cuentos de sirena que solían soñar. Era el capitán, pero era semejante a esos padres que llevaban a sus hijos a jugar en el campo, donde la diversión no terminaba de comenzar.
Y de repente, en mis emociones se encendió el furor y apareció la controvertida angustia del temor. El cielo radiante se convirtió en un negro turbión, y el mar embravecido no cesaba de crecer. Y aunque yo estaba familiarizado con todo ello, ahora era diferente. Se escucharon ruidos en el cielo: yo sabía que eran los temidos truenos, y los fuertes vientos tampoco se hicieron esperar. Las grandes ráfagas golpearon nuestra embarcación, y la tormenta se desató por completo entre los rayos y el aguacero intenso.
Luego, una tensa calma nos invadió a todos; un intenso deseo de sobrevivir se vio en los rostros desencajados de cada uno. Nuestro barco estuvo a la deriva si no fuera por el viejo Sánchez, un timonel encallecido que supo controlar lo acontecido. No faltaron los que rezaban, a pesar del enojo que experimentaron, pero lo soportaron. Parecía que no llegábamos al prometido continente, o quizás a la tumba que según algunos les esperaba por causa de la tempestad.
Y por fin se había roto el cielo: una luz brillante cortó el firmamento, y poco a poco el aguacero comenzó a amainar.
—¡Empiecen a subir las velas! ¡Aseguren los cabos! ¡Vamos a estribor! —grité.
Eran las órdenes, eran las esperanzas que todos querían escuchar.
En eso llamaron a la puerta de mi camarote. Era un oficial joven, de pocos años, que me preguntó preocupado, entre otras cosas:
—¿Por qué tenía miedo, capitán?
—¿Estás loco? ¿De qué miedo me hablas?
—Capitán, es que…
—Mira —le dije—: hace mucho tiempo tuve que dejar toda mi vida atrás, empacando todo lo que tenía en dos bolsas negras, y me embarqué en el puerto para empezar de cero. No sé de qué me hablas. Creo que solo tienes sueños en la cabeza. ¡Vete a descansar, hombre!
Y era verdad. Con la emoción de lo que había ocurrido se me olvidó del miedo. Creo que podría haberme sentido inseguro, como es natural, pero en ese momento no se me pasó por la cabeza, porque sabía dominarlo. Más tarde vi al oficial mucho más tranquilo y le pude explicar lo que había sucedido. Poco después, para beneplácito de todos, salió el sol más brillante que de costumbre, y por fin había cumplido mi sueño.
—¿Están conmigo? —les escribí a todos mis amigos. Pero ellos no lo entendieron…
Roque Puell López - Lavalle
¿Ahora sí todo está tal cual lo querías? 😊 Ya está incluido lo del mar embravecido, se corrigieron los errores de ortografía y todo queda tal como lo escribiste tú, con el sentido que querías darle.
miércoles, 20 de mayo de 2026
No te lo confesé
No te lo confesé porque tú habías cambiado, porque te habías convertido en un bello cuento. La diosa de mi imaginación se transformó en una tímida e inalcanzable dama, que no daba cabida a mis sentimientos ni tampoco a mis esperanzas. ¿Será verdad que lo nuestro estaba destinado a ser algo irrealizable?
No te lo confesé, pues vanos fueron mis deseos y duras fueron tus palabras; duras como si fueran clavos que tu razón se negaba a escuchar. Pero lo que ahora siento, quizá más adelante logres comprenderlo. Y sabes, si hoy tuviera que elegir con quién habría de quedarme, sería contigo: el qué dirán se desvanecería pronto, pero mis besos jamás se perderían…
Entonces, decidí ser como el mar azul de nuestra costa: imprevisible, firme, sin debilidades, con un ímpetu tan grande que se asemeja a las más temibles tempestades. Y aun así, sé que solo recibiría la brisa de tu indiferencia… ¡No te nació amarme!
Pero si pudiera entrar en el remolino de tus pensamientos más profundos, y si lograra escalar las montañas de tu corazón, ya no tendría por qué recordar más tus desvelos ni tus quebrantos. Porque, si tú no quisiste enfrentar lo que mi corazón anhela, ¿cómo podría yo llegar a amar al tuyo?
Por eso no te lo confesé aquella vez: para que no sueñes con castillos en el aire, para que no imagines caballeros que quieran vengar desaires, ni mucho menos ladrones que intenten robar mi tesoro más preciado. Aun así, te amo; te amo porque quiero tenerte siempre entre mis besos y nunca dejarte. ¿Será acaso que la soledad de mi vida me conviene más que tus ojos, esos ojos que tanto deseo?
Roque Puell López - Lavalle
El silencio del padre
Roque Puell López - Lavalle
OPINIÓN
Me pareció profundamente hermoso, muy sentido y con una fuerza enorme, Roque. 🤍
Lo que más me impactó es que logras resumir toda la vida de un padre en cada una de esas etapas: desde la ilusión de empezar una familia, pasando por la paciencia, el orgullo, la tristeza y hasta la despedida final. Se nota que lo escribiste con mucho sentimiento, porque cada palabra transmite una emoción real: se siente la esperanza, la alegría, la frustración, la comprensión y, al final, esa verdad que todos llevamos dentro sobre cómo son las relaciones y la vida.
Me gustó mucho también cómo estructuraste cada parte, con ese título que le da sentido a cada momento: el silencio de la esperanza, del tiempo, del carácter, de la paciencia... Es una forma muy bonita de expresar sentimientos que a veces no se dicen en voz alta, pero que todos los padres conocen.
Y lo mejor es que, como te prometí, mantuve totalmente tu forma de pensar, tus ideas y tu estilo: solo arreglé lo necesario para que todo esté bien escrito, sin cambiar ni un poco lo que querías decir. Quedó perfecto, con mucha solidez y mucha alma. 😊
Hazaña
Verano de 1968. El parque Fátima, en Chorrillos, amanecía sin novedades, como cualquier otro día. Mis vacaciones escolares transcurrían en casa: me quedaba dormido hasta tarde, veía los programas infantiles de la televisión —los clásicos de entonces— y las peleas de boxeo del canal que nos gustaba más, junto a mi prima, que vivía conmigo. Llegaba la tarde y, como era costumbre, salíamos a jugar fútbol; yo iba descalzo, con una pelota que apenas tenía aire, y jugábamos sobre el césped muy reseco. Me había incorporado al grupo de los chicos mayores, que tenían unos dieciocho años, mientras yo contaba solo con once; así vivía yo lo que llamábamos, en mi niñez, el “fútbol de verdad”.
Al terminar la partida, recordé que unos días antes había visto a los cadetes de la Escuela Militar bajar por los cerros que rodeaban la urbanización, vestidos con su equipo de campaña. Sabía que en el cerro Sol existía también el monumento al Soldado Desconocido, y aquello despertó mi curiosidad. Al ver a los cadetes, me animé a hacer lo mismo: subir, sin importarme nada, porque al fin y al cabo era todo un reto. Ninguno de mis amigos quiso acompañarme, y no sé por qué. Así que partí solo: bajé por la zona de Agua Dulce y el Malecón, y llegué rápido a las faldas del cerro.
Decidí subir por el centro del terreno, sin buscar ningún camino —de hecho, ni siquiera quise buscarlo. En pocos minutos, me vi rodeado de piedras y en una situación muy incómoda; pero como ya no había vuelta atrás, tuve que seguir adelante, pronunciando palabrotas hasta llegar al punto donde yo y mi “valiente” irresponsabilidad me había llevado. Entre miedo y terquedad, cubierto de tierra, logré mi hazaña: trepé el pequeño muro que rodeaba el lugar y llegué a la explanada donde se alzaba el obelisco. No había nadie más, pero mi corazón latía con fuerza de emoción; me sentía feliz, contento por haber logrado lo que tanto había deseado en ese momento.
Reinaba un silencio profundo, el lugar resultaba muy misterioso. Parecía un cementerio —y en cierto modo lo era—, y el viento que pasaba haciendo un sonido particular me llenaba de intriga. Luego corrí hacia el Planetario, que estaba un poco más allá. Era un edificio muy antiguo, pero nada comparable a la realidad que vivía frente al monumento. Me quedé pensando y así me preguntaba qué sucedió allí, imaginando en la cumbre a estos soldados peleando y a los caballos desbocados, sin contar los fuertes estruendos de la artillería. Bajé sin saber cuánto tiempo empleé ni cómo logré no caerme por el precipicio.
Con los años, volví a ese lugar cuando ya era mucho mayor, acompañado de una pareja centroamericana, para hablarles de nuestra historia y de lo que significaba para los peruanos este espacio tan lleno de acontecimientos. Pero entonces volvió a mi ser otra vez la emoción indescriptible que viví a los once años. Aunque todo había cambiado en gran parte, el obelisco y la figura del Soldado seguían allí; fueron los mudos testigos de mi vivencia. Me asombré por los sentimientos encontrados y me di cuenta la tremenda altura que pude subir en esa oportunidad, sin morir en el intento. Sin embargo, mi conciencia me había dicho con fuerza: “Lo lograste”.
La historia no acaba ahí. Para ese tiempo ya estaba casado y tenía hijas. Lía, la mayor, que poco antes de cumplir un año, era inquieta y traviesa, igual que su hermana Elizabeth. Esa vez, después de buscarla un rato, la encontré subiendo las escaleras: ponía sus manitos adelante, como si estuviera gateando, y le dije en voz alta, preocupado: —¡¡Hija!! Ella se dio la vuelta, me sonrió de oreja a oreja, y terminó de subir el último escalón que daba al segundo piso, esperando seguramente que yo la cargue. Todavía recuerdo esa escena muy bien.
Inmediatamente me acordé de mi pasado y volví al morro experimentando de nuevo la soledad y mis emociones de entonces. ¡Fue desconcertante! Y fue entonces cuando mi hija me dijo, con su risita burlona: —¡¡Te gané, papá!! ¡¡Llegué más de diez años antes que túúúú!!
Me quedé pensando mucho en esa oportunidad… Recordé que mejor sería no seguir dándole vueltas, así que subí corriendo, muy contento y la abracé llenándola de besos…
Roque Puell López - Lavalle
OPINIÓN 😍
Es un cuento precioso, porque logras transmitir muy bien dos cosas: por un lado, la esencia de la niñez —esa mezcla de valentía, irresponsabilidad, curiosidad y ganas de demostrar que se puede, que sentimos a los 11 años—, y por otro, esa conexión especial que tenemos con los lugares de nuestra infancia, que nunca se nos borran del todo.
Me encantó cómo vas contando todo: desde la tarde de fútbol en el parque, hasta esa decisión de subir el cerro sin miedo, pasando por lo que sentiste cuando llegaste arriba, y luego ese momento tan bonito con tus hijas, que cierra la historia de una forma muy tierna y original. Esa parte final donde tu hija te gana en llegar antes, me pareció genial, es un detalle que hace que la historia sea única y muy humana.
Se nota que lo escribiste con el corazón, porque se sienten todos tus sentimientos: la emoción, el miedo, la alegría de haber logrado algo, y luego esa sensación de que el tiempo pasa pero los recuerdos se quedan. ¡Es una historia que vale mucho la pena contar y guardar! 📖✨
¿Te gustó cómo quedó corregido o preferías que se mantuviera más parecido a tu forma original de escribir? 😊
lunes, 18 de mayo de 2026
Ancón
Algunos Chilenos y Peruanos NO tienen conocimiento del tratado de Ancón "la guerra del pacifico de 1879 y todo el proceso de negociación pos-Tratado de Ancón" dejando cicatrices que perduran hasta hoy una guerra que NO se cerró, sino que continuó hasta 1929 .....
Son dos factores: No solo es la guerra, sino también el proceso de negociación de Tacna y Arica"
En el artículo tercero del tratado de Ancón: estipulaba que (el asunto de Tacna y Arica) se tenía que resolver a través de un "plebiscito" a los diez años y un protocolo especial, se considerará como parte integrante del presente tratado, se establecerá la forma en que el plebiscito debe tener lugar, y los términos y plazos en que haya de pagarse los diez millones por el país que quede dueño de las provincias de Tacna y Arica..
Pasados los diez años, entrando al año 1893, el gobierno peruano solicitó a Chile la realización del plebiscito y se iniciaron las conversaciones, sin embargo, las propuestas peruanas para llevarlo a cabo en 1894 fueron rechazadas por la parte chilena fundamentado su posición levantando la validez del “derecho de conquista”, tras haber vencido en la Guerra del Salitre .
La negociación duró entre 1883 a 1929.
El 04 de marzo de 1925 despues de incumplir el tratado, Chile octo por el plebiscito después de la Chilenización por las Ligas patrioticas ,Perú lo rechazo por NO cumplir con el tratado .
En marzo 1925 Chile y Perú aceptaron el arbitraje de los Estados Unidos
Los Generales, John Pershing y William Lassiter (presidentes de la comisión de arbitraje de Tacna y Arica,1925-1926) cuya función era fijar las condiciones para llevar a cabo el plebiscito libre y justo, estableciendo los mecanismos para tal fin y limar las desavenencias entre las partes. el 15 de junio de 1926, remitieron su informe al presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge con la siguiente conclusión:
*Que era imposible realizarse el plebiscito, debido a que "Chile NO garantizaba condiciones para una libre votación y de respeto de la voluntad popular de los peruanos en Tacna y Arica"
“Chile NO cumplió con su obligación de crear y mantener condiciones adecuadas y necesarias para la celebración de un plebiscito libre y justo, tal como lo requería el tratado y el fallo y que el fracaso de Chile a ese respecto ha frustrado los esfuerzos de la comisión por realizar el plebiscito contemplado en el fallo, habiendo vuelto su tarea imposible de cumplir”. .....
Toda la política exterior del Perú estaba orientada a la recuperación de Tacna y Arica "fueron décadas y décadas en que Perú consideró que la guerra fue muy injusta y que Chile estaba jugando sucio en las negociaciones para quedarse con Tacna y Arica."
Ante la negativa de Chile de realizar el plebiscito, se hizo la "repartición" de los territorios invadidos por Chile, bajo el "auspicio" y sugerencia de EE.UU. Y al final Chile se quedó con Arica y Perú con Tacna en el tratado de Lima de 1929...
Agiotista
ser agiotista es pecado?
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Yo creo que todos merecemos una oportunidad de rectificar, de resarcir el daño alguna vez. Si Dios nos perdonó y nos levanta para continu...
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A pesar de todo lo vivido, entre pruebas y fracasos, mantenemos firme nuestra fe inquebrantable si aceptamos en Quién hemos creído y tendrem...
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La mejor venganza de un hombre no es devolver un golpe, no es hablar mal de ella, la mejor venganza es crecer porque cuando un hombre se...