domingo, 22 de marzo de 2026

El amigo traidor





Las mismas callecitas solitarias, las mismas casonas viejas y polvorientas de este lejano pueblo, son las que se extienden en estas tardes frías, sacudidas por el ulular continuo del viento. Pero ahora, aquellas edificaciones de antaño solo ofrecen las ilusiones perdidas de un pasado victoriano.

No obstante, surgió en la mente de Pablo —un forastero que vivió entre los cándidos de aquel tiempo— una silueta bella y transparente que, como humo, se desvaneció en el umbral de los sueños, aun cuando él estaba plenamente consciente. En ese instante, todo quedó guardado en su corazón y no quería ocultar nada de lo que sentía.

En las noches meditaba, y sin querer apareció su pasado quejoso y casi olvidado. Surgieron viejos enojos y sintió un silencio extraño, semejante a aquellos ojos indiferentes de otros tiempos.

¿Qué diría entonces el mar, embravecido por el viento atrevido? Dudas. 

¿Qué respondería el desprecio de quien ahora dice olvidar? ¿Y qué reclamarían los años de voluntaria lejanía? 

Nada. 

El silencio no tiene nombre.Las palabras, así, sobran sin valía.¿Eran solo las noches que él había vivido? Solo Dios lo sabe.

Recordar era mala idea. Pero si acaso las vanidades de los culpables pudieran hablar, poco o mucho dirían las miradas de él y las gracias de una niña mora que no sabía mentir. Sería inútil lo que hoy se dijera si las promesas se hubiesen cumplido.

Pero algo sí era cierto, después de tantos ambages y desenlaces. Apareció una figura extraña entre la duda y la ausencia: alguien que cambió las esperanzas de un idilio. Fue aquel que no conoció el camino recto ni la lealtad de un Mesías.

Era el perfil perfecto de un ser mundano, acompañado de la voz elocuente y fanfarrona de esos extraños. Tenía un habla envidiosa que irrumpió en el portal sagrado de una espera inusual. Sonó como la trompeta ruidosa de una retirada, tan clara como lo fueron las falsas palabras de un amigo… un amigo traidor.

Roque Puell López - Lavalle



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