sábado, 16 de mayo de 2026

Hildebrando


Tus ojos ya no ven el cielo que hoy ya no habitas, y tu viaje inesperado, que se extendió algunos meses, ha vuelto a despertar la esperanza que quizás nunca hallarás. ¿Por qué regresas a los recuerdos que solo te trajeron sufrimiento? ¿Dónde quedaron los mundos nuevos, las eternas praderas que habrías de conocer para izar la bandera de tu libertad? ¿No es más valiente quien, mordiéndose los labios, acepta que ya no hay retorno?

Te aferras a una y otra vez, al mismo ritmo, a las mismas melodías sin camino y sin respuestas, sin hallar razón a por qué tuviste que partir. Ahora compruebas que la Valquiria no cambia ni modifica su postura; porque los mismos fantasmas del pasado vuelven a acosarla, como si fuera una barrera sin importancia, y su ser sigue reclamando su lugar, para no perderse jamás

¡Ah, compañero! Tú habrías hallado otros manantiales que podrían regar tus sentimientos áridos, o quizás calmar tus pensamientos amargos. Porque todos tenemos malos recuerdos, pero depende de cuánto los acariciemos o de cuántas legiones se hayan asentado en lo más profundo de tu corazón, que se muestra tan reservado.

Vi cómo la habilidad de tus manos seguía firme, esculpiendo las piedras como el artista consumado que eras. Sabía que la nostalgia ya no tendría motivo, y que eran tus esculturas magníficas las que más te llenaban de satisfacción. Apenas si te importaban todos los honores que te otorgaban por tus creaciones; porque eran obra tuya, surgían seguras, sostenidas por tu voluntad férrea, sin más fundamento que tu propia capacidad de crear. ¿Acaso no habrías logrado liberarte del yugo infiel, quizás del egoísmo de quien dice amar sin sentir de verdad?

Y encima de todo, cargas con el peso de infamias que no te dejan siquiera encontrar alivio ante los dolores de una sociedad impenitente, condenada por actos viles que se ocultan a la luz. ¿¿No sabes que quien vive lejos de su patria, siente la necesidad de demostrar su carácter? Porque al estar separado de lo que amas como su hogar, te ves obligado a estar solo frente al mundo y frente a todos. Para eso necesitas serenidad, quizás sensibilidad, pero sobre todo valentía a toda prueba; y solo entonces podrás volver a amar sin fronteras, cuando hayas comprendido que debes alcanzar lo que deseas, aunque ella no haya sabido entenderte.

Ahora logro comprenderte, cuando me lo cuentas con franqueza, sin rodeos, sin buscar gloria ni compasión; y todo eso se ha convertido en tu verdad. ¿Sabes? Tu resentimiento habla más fuerte que cualquier explicación, más que el laberinto de tus propias palabras, incluso más que las campanas que llaman a defender lo que crees justo.

Busca en lo profundo de la tierra; eleva tu alabanza al Santo. Mira los caminos del atardecer, en aquellos lugares que no alcanzas a ver, porque desde lo alto se abrirá el sendero de tu nuevo despertar. Imagina que estás en la inmensa oscuridad de las cumbres cubiertas de estrellas, donde la conciencia se halla libre, sin dueño que la guarde ni ataduras que la limiten. En ese lugar misterioso, amigo, eleva tu espíritu y aleja de ti los obstáculos que te impiden triunfar.

Cuando entiendas que la libertad significa también dejar atrás lo viejo para entrar en un mundo de esperanza sin pretextos ni cadenas, comprenderás que vale la pena sembrar lo que no se ve, para recibir luego una cosecha de felicidad constante. Pero recuerda: no serás tú quien lo logre por sí mismo, sino que será Él quien te muestre el camino. No te detengas, sigue perseverando.

Con el tiempo, tu figura se convertirá en una leyenda; quizás un murmullo hable de tus ojos, que parecían no creer en lo que veían, pero serás una estrella radiante, que brilla con luz propia sin cegar a quienes buscan consuelo. Tal vez aparezcas entre los comentarios de la gente, o en medio de las tormentas terribles del desierto: esas que son oscuras, lejanas, incontrolables, que no forman parte de nuestra esencia. Y tal vez te encuentren en las aspiraciones de quien se alejó de todo, de un soñador olvidado o de alguien que nunca quiso regresar… aunque, en el fondo, nunca habría dejado de intentarlo.

Roque 

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